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La vida escolar a través de plataformas virtuales

Teresa Barrios Lara

Para quienes antes de la pandemia por COVID-19 no habían tenido experiencias de aprendizaje en línea, la relación de docentes y estudiantes por medio de Internet puede parecer algo difícil de establecer y desarrollar. Sin embargo, con el paso del tiempo hemos notado avances considerables, además de que esta nueva modalidad ha resultado más práctica y flexible.

Mucho se ha hablado acerca del distanciamiento social que genera el uso de la tecnología, se escuchan frases como “mi hijo se va a deprimir por estar solo tanto tiempo”, “seguro extraña convivir con sus compañeros”, etc. esto debido a que al estar en línea todo el día, no queda tiempo para convivir con personas afuera, sin embargo, estudios han revelado que sucede todo lo contrario; ya que los jóvenes más tímidos o con problemas para socializar se desenvuelven de mejor manera con el uso de las redes sociales.

Así como la presencialidad no asegura sentirse acompañado, como se dice en El principito: “También se está solo entre los hombres”, tampoco el trabajo autónomo implica soledad. Por ejemplo, desde la creación de la educación virtual, la UNESCO avalaba esta nueva forma de enseñanza-aprendizaje como un modelo interactivo.

La UNESCO, en su Declaración Mundial sobre la Educación en el Siglo XXI, define educación virtual como: “entornos de aprendizajes que constituyen una forma totalmente nueva, en relación con la tecnología educativa… un programa informático – interactivo de carácter pedagógico que posee una capacidad de comunicación integrada. Representan una innovación relativamente reciente y fruto de la convergencia de las tecnologías informáticas y de telecomunicaciones” (UNESCO, 1998).

“Las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC’s) no sólo representan un instrumento o un nuevo medio de información y comunicación. Es importante tomar en consideración que generan un nuevo espacio social y por ende un nuevo espacio educativo conocido como Educación Virtual” (Echeverría, 2002).

Incluso como menciona Silvio (2006), “la Educación Virtual se adecúa a la situación de muchos estudiantes, debido, por ejemplo, a su necesidad de compatibilizar su actividad laboral y familiar con su formación y a la posibilidad de desarrollarla en su propio domicilio, motivo muchas veces originado por el alejamiento de los centros de estudio o bien por algún tipo de discapacidad o circunstancia que presente el estudiante.”.

“La Educación Virtual posee características que la diferencian en gran medida de la Educación Presencial. Primero, existe una mayor autonomía e independencia que disfruta el alumnado para el desarrollo de su proceso de aprendizaje, siendo el estudiante quien marca su ritmo de trabajo. Segundo, muchos de los estudiantes conceden un carácter más práctico a sus objetivos de aprendizaje, debido a que este tipo de alumno desarrolla una actividad laboral vinculada a sus estudios formales lo que favorece ampliamente su motivación intrínseca” (Junta de Andalucía, 2012).

Con las citas anteriores comprobamos que la educación virtual trajo consigo no sólo cuestiones negativas, sino también positivas, y que efectivamente se puede socializar siendo personas tímidas o no, porque éste tipo de educación se adapta a las necesidades y formas de los jóvenes en las diversas situaciones que se encuentren.

Otro aspecto a considerar del trabajo que se ha implementado en las escuelas a través de plataformas digitales, es la poca o nula actividad física que trae como consecuencia en muchas ocasiones el sedentarismo, obesidad, trastornos de ansiedad o depresión, circunstancias que impiden en algunos casos el que los jóvenes se apropien del conocimiento y lo apliquen,

Por años, se ha sabido que la vida sedentaria trae problemas de salud. La Organización Mundial de la Salud considera el sedentarismo un problema de salud pública mundial. Aun así, la vida sedentaria va en aumento: los adolescentes pasan en promedio 8.2 horas al día sentados.

Un estudio publicado el año 2020 en The Lancet Psyciatry, investigó a fondo los efectos de la vida sedentaria en los jóvenes. Los investigadores analizaron a 4257 jóvenes durante seis años, de los 12 a los 18 años. El estudio descubrió que más allá de los problemas cardiovasculares que el sedentarismo conlleva, estar sentado mucho tiempo causa además problemas de salud mental, como la depresión. 

Los investigadores argumentan que hay muchos estudios enfocados en los beneficios que trae consigo la actividad física, en la salud mental de los jóvenes, pero no en el efecto que puede tener la falta de actividad en su salud. El estudio descubrió que los jóvenes que están inactivos durante su adolescencia presentan un mayor riesgo de padecer depresión al llegar a la mayoría de edad. Incluso actividades sencillas como caminar, dedicar tiempo a sus pasatiempos o hacer tareas del hogar por una hora diariamente a partir de los doce años, reduce en un 10 % los síntomas depresivos a los 18 años. 

Para realizar el experimento y medir el movimiento y actividades de los adolescentes, se les pidió usar un acelerómetro durante al menos 10 horas a lo largo de tres días. Los resultados ayudaron a clasificar la actividad física de los jóvenes. También se les aplicó un cuestionario clínico para determinar si tenían síntomas depresivos como pérdida de placer, falta de concentración y poco ánimo. 

Durante el monitoreo, el estudio descubrió que el nivel de actividad de los adolescentes disminuyó conforme fueron creciendo. A los 12 años los participantes pasaban un promedio de siete horas y 10 minutos activos; mientras que, a los 16 años, las horas de actividad disminuyeron y el sedentarismo aumentó a un promedio de ocho horas y 43 minutos al día. 

En relación a su salud mental, los jóvenes que pasaban mucho tiempo sentados mostraron un 28.2 % más de depresión a los 18 años. Aunado a eso, los investigadores descubrieron que, por cada hora adicional sedentaria en su juventud, los niveles de depresión aumentaban al llegar a la mayoría de edad. En adolescentes de 12 años un 11 %, a los 14 años un 8 % y a los 16 años hasta un 10.5 %. Por el contrario, aumentar tan solo una hora la actividad física disminuyó la depresión en un 9.6 % si se empezaba desde los 12 años, un 7.8 % si comenzaba a los 14, y un 11.1 % si iniciaba a los 16 años (Delgado, 2020).

Un pequeño cambio en la vida de los adolescentes, como dedicar más tiempo a una actividad sencilla como andar en bicicleta a temprana edad, no sólo prevendrá problemas de sedentarismo, sino también disminuirá los problemas de salud mental en la juventud y la vida adulta.

Aunado a ello la falta de motivación por parte de su familia o las personas que los rodean, todo esto sin tomar en cuenta la carencia de recursos económicos y materiales, tales como: electricidad, computadora o teléfono celular, acceso a internet y espacios dignos para llevar a cabo las actividades que implica el teletrabajo, problemas que aquejan a varios estudiantes en nuestra región, situación compleja que comentaron 5 personas de cada grupo de un total de 15 grupos de nivel medio superior, a quienes se encuestó vía whats app y viven en comunidades aledañas a la Universidad de Ixtlahuaca (UICUI, 2020).

Tal vez para algunos docentes y estudiantes resulta mejor la educación en línea, porque tienen mayor habilidad o posibilidad para interactuar con la tecnología, pero para otros, no es tan sencillo, ni atractivo, principalmente por fallas constantes de la señal de internet, que ocasionan desconectarse continuamente de las clases y perder la secuencia, y en ese momento los estudiantes comienzan a dispersarse, perder el interés o emitir comentarios haciendo referencia a que se les complica, comprenden menos de los temas vistos en clase, no sienten deseo de participar ni de interactuar con el/la docente, ni compañeros, a través de una pantalla. En fin, consideran que no hay aprendizaje significativo en línea.

Derivado de dichas adversidades nos enfrentamos con mayor frecuencia a un escenario falto de motivación, en el que se conjugan no sólo las carencias económicas o académicas, sino también las personales, lo cual hace evidente la escasez de formación en educación emocional y aún más retador el quehacer docente. Razón por la cual, los docentes, no sólo deben prepararse en el uso de la tecnología, para estar a la altura de las necesidades actuales, sino en cuestiones emocionales.

De tal forma que, los docentes deben tener capacidad de respuesta y solución inmediata para afrontar las situaciones adversas acorde a lo que requiera cada estudiante, sin embargo, estas respuestas no son estrategias planificadas, sino acciones concretas como reacción a las emociones emergentes de un solo individuo, dentro de una colectividad, denominado en este caso, grupo de clase.

Las cuestiones afectivo-emocionales son importantes para considerarlas, en cuanto que ésta es el núcleo central del desarrollo de las competencias emocionales, personales y sociales del alumnado, ya que se ha podido constatar que no es suficiente el desarrollo de la inteligencia analítica (racional) para alcanzar la competencia relacional, tanto con uno mismo como con las relaciones con los demás. Asimismo, es muy importante conocer el proceso de desarrollo afectivo emocional en la adolescencia para que, de este modo, los agentes educativos puedan contribuir a prevenir, disminuir y/o evitar los comportamientos problemáticos, tanto a nivel personal (anorexia, estrés, etc.) como social (violencia, agresividad, bullyng, …) (Bennasar, 2009).

Si consideramos que debemos tomar en cuenta las expresiones de lo que sienten los estudiantes en este tiempo de confinamiento, entonces es importante definir lo que es una emoción.

 

Una emoción es algo que una persona siente, que la hace reaccionar de cierta manera; esto refleja el hecho de que las emociones son experimentadas de forma individual, ya que no todas las personas sienten o reaccionan de la misma manera. En este sentido Bisquerra, explica que una emoción es “un estado complejo del organismo caracterizado por una excitación o perturbación que predispone a una respuesta organizada. Las emociones se generan habitualmente como respuesta a un acontecimiento externo o interno” (Bisquerra, 2001).

Se puede decir que las emociones son las que proporcionan el hecho diferencial de la existencia humana, tanto en forma personal como en sociedad, Cabe señalar que los resultados obtenidos en diversas investigaciones han mostrado que los adolescentes que tenían bajas competencias emocionales tienden a tener más problemas de identidad, estrés, depresión, menos habilidades para pedir ayuda y apoyo social.

La adolescencia es la etapa en la que se redefinen las competencias emocionales, por tanto, es fundamental ayudar a su desarrollo, así como inducir al autoanálisis de los sentimientos y emociones que experimenten, con la finalidad de poder conocerlos y comprenderlos, identificar las propias limitaciones, lo que nos permitirá entender mejor las de los demás.

En este sentido algunas recomendaciones vertidas por Bárbara Fredikson, en su libro Psicología positiva, que sugiere ayudarán para que docentes y estudiantes logren desarrollar competencias emocionales o bien, regularlas, sobre todo en este tiempo de encierro por pandemia, son:

  • Alegría: apreciar lo que nos rodea y expresarla con sinceridad

  • Evitar juzgar: tomar la actitud más contemplativa, no hacer juicios de lo que hay en tu contexto.

  • Practicar mindfulness: meditar, evitar lo negativo, pensar en algo positivo

  • Poner en orden lo que realmente importa en tu vida

  • Conectarnos con la naturaleza: caminar descalzo sobre el pasto, acariciar un árbol

  • Crear-aprender-leer-escribir

  • Reír mucho

  • Ilusionarnos y pensar en nuestro futuro (construir un plan de vida)

  • Conocer bien cuáles son nuestras fortalezas

  • AMAR

Algo fundamental es partir de que lo importante no es conocerlas sino practicarlas día con día, tanto en forma personal como colectiva (en el grupo de clase, en la familia, con los compañeros de trabajo, etc.) y de esta manera haremos que los problemas emocionales ocasionados por el confinamiento sean más llevaderos. “Cambia tu atención y cambiarás tus emociones, cambia tu emoción y tu atención cambiará de lugar” (Frederick Dodson).

Se concluye entonces que, sin importar el contexto social, cultural, económico, histórico; (sobre todo en la actualidad, el trabajo en línea, con tecnología diversa), en el que nos encontremos debemos buscar alternativas y propiciar las condiciones que nos ayuden más que a adaptarnos, a transformarnos como personas y colectivos para crear un entorno apto y agradable en el que cada persona se pueda desarrollar plenamente y hacer realidad sus más grandes aspiraciones, llegando a alcanzar el fin último del hombre; ¡¡¡ser feliz!!!

Fuentes consultadas

Bennasar, M. d. (2009). Adolescencia y desarrollo emocional en la sociedad actual. España.

Bisquerra, R. (2001). Educación emocional y bienestar. Barcelona.

Delgado, Paulette. El sedentarismo causa depresión en los adolescentes. Revista Edu News. 2020

Durán Rodríguez, Rodrigo Alberto. La educación virtual como medio para mejorar las competencias genéricas y los aprendizajes a través de buenas prácticas docentes. Barcelona España. 2015

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